Carroña

Carroña
Por Fabio Enrique García
25 de abril de 2008

La historia comienza con una señora tirada en la calle frente a un automóvil (el propio accidente seguramente será registrado después por algún papel de esos que llaman periódicos). Alrededor de la señora hay un puñado de personas; ninguna parece tener la intención de ayudarla a levantarse. La lluvia cae y hace frío.
El narrador pasa muy rápidamente frente a la escena. Va en un bus; los demás pasajeros miran y comienzan a murmurar. ¿Qué habrá pasado? Al narrador se le ocurre un título, pero luego no sabe qué historia contar.
De modo que decide hacer como el pintor y dejar que las imágenes se expliquen solas.

Voces

Voces
Por Fabio Enrique García
24 de abril de 2008

Hay tanto por decir.
Tanto por decir, con tanto tiempo para decirlo. Tantas noches de luna llena, tantas tardes de arcoiris, tantos años de juventud, y tanto por decir. Tantas las cosas que no se han dicho, tantas las que aún pueden repetirse, tantas las formas de decirlas. Tantas son las bocas y los oídos; tantos los lápices y los ojos; tantos los mártires y los idólatras. Y tanto por decir.
Tanta guerra y tanta espada y tanto fuego y tanta paz y tanto cielo y tanta lluvia. Tanto crimen sin castigo y tanto castigo sin crimen. Tantas caras, tantas piedras, tantos pájaros, tantas motas de polvo escondidas en tantos rincones de tantas casas en tantas ciudades en tantos mundos. Tanta luz. Tanta sombra. Tanto papel. Tanto dolor. Tanto papel. Tanta angustia. Tanto papel. Tanta ira. Tanto papel en sangrientos pedazos. Tanto por decir.
El alma calla. A lo lejos se oye un balbuceo.

Relato

Relato
Fabio Enrique García
22 de abril de 2008

“¿Ya se va a acabar el mundo?”
“No.”
“¿Ya se va a acabar el mundo?”
“¡Que no!”
“¿Ya se va a acabar el mundo?”
“¡Carajo, que no!”
Y ahí se acabó el mundo.

Poema

Poema

Cosa que sangra.
Destruye aquello que es más aéreo.
Sangre intolerable que cae desde abajo,
Cosa sangre, sangra aérea.
Terribles gotas del amor sonido.
Terribles granos de semilla que no existe.
Línea plasmática.
Manifestación de la carne.

Carne de la
carne de
la
carne
de la carne de
la carne de
la carne.

A quién osas respetar.

-Fabio Enrique García
Febrero de 2008

Luz roja

Luz roja

Estaba yo el otro día cruzando la calle, en la esquina del semáforo. Pasan los carros, se enciende la luz roja, y cruzo. Y entonces veo a lo lejos
un par de piernas ágiles, ligeras,
dos piernas tan hermosas como el rayo,
tan blancas como el ave del invierno,
tan rápidas, quizás, como la brisa,
tan luminosas como el vil relámpago;
dos estrellas fugaces en el aire,
dos luceros de sal en el espacio,
dos líneas tibias de pincel errante,
dos tormentas en cielo despejado,
dos mil tristezas dulces, solitarias,
dos gotas de silencio en un estanque,
dos quimeras dos fantasmas, dos mundos.
Entonces pasa un bus negro, negrísimo, y veo volar por los aires un par de piernas blancas que tiñen de rojo la avenida.

-Fabio Enrique García
10 de abril de 2008

El último hombre (con la debida excusa)

(Lamento tener que recurrir a cosas viejas para mantener la bitácora “actualizada”, si se puede decir que presentar un cuento con semanas de edad es actualizar; pero ya me daba pena con ustedes, y lo lamento. No es garantía de que no vuelva a pasar…)

El último hombre
Por Fabio Enrique García
Agosto y septiembre de 2007

Y se murió. Justo tenía que morirse, el muy bruto. Él solo era el único que podía morirse (¡y con qué ganas!) antes de ser testigo del final de la Tierra. Creyó que hacía algo muy noble, dejándome aquí abandonado, en mitad de un mundo lleno de máquinas que corren solas, sin saber por qué ni para quién. Creyó que yo merecía el honor de ser el último hombre sobre el mugroso planeta. Honor. A quién le importa el honor si no hay a quién presumírselo.
Y se murió. Como se han venido muriendo todos desde el catorce de febrero del veintisiete. Yo fui el primero en saber que estábamos condenados, y así mismo he sido el que más se ha demorado en morirse. Como si estuviera maldito. Maldito yo y maldito el género humano, que se maldijo a sí mismo para poder sobrevivir; que le fue comprando el tiempo al planeta, a precio de muerte. Continuar leyendo ‘El último hombre (con la debida excusa)’

Un fragmentillo

(Durante mi ausencia injustificablemente larga El Kiosco Volador alcanzó las quinientas visitas. Agradezco profundamente a todos mis lectores. Lo que sigue es una actualización minúscula, prueba de que no me he muerto yo ni ha muerto el blog. Ya vendrán cosas más sustanciosas.)

1. “Inspiración” (comillas) es conjunción de pensamiento y voluntad creadora. Pensando estamos siempre, y con ganas de crear estamos siempre (por lo menos los poetas creadores lo estamos); pero no siempre las dos fuerzas apuntan al mismo lado.

Excusas

(Como señaló el señor Çafren, los enlaces estaban rotos; pero ya los arreglé. Pido disculpas.)

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A tu cargo – III – Era un fantasma

(Finalmente, el tercer capítulo de “A tu cargo” está publicado. Hago la observación de que quizá me esté tomando demasiadas libertades con el relato, pero “A tu cargo” nunca ha sido un ejercicio de disciplina. Por cierto, de ahora en adelante la publicación estará más organizada.)

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Examen sobre las propinas

0. Si la comida y el servicio estuvieron buenos, entrégales tu billetera.
1. Si la comida estuvo buena y el servicio no, busca personalmente al cocinero y dale una propina de tu propio bolsillo.
2. Si la comida estuvo mala, pero el servicio estuvo bueno, dale al mesero una propina generosa, porque será lo último que verá de ti.
3. Si la comida y el servicio estuvieron malos, crea una distracción (billete falso, agua derramada) y huye a la primera oportunidad.

(Por cierto, díganme si creen que estoy siendo muy pretensioso, y que esto no cae dentro de la categoría de “literatura”.)

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